PRIMER DISCO (1990): "CORO RONDA ALTAMIRA: CANCIONES CÁNTABRAS"
Una parte del trabajo del primer repertorio del coro ha quedado recogido en un disco de larga duración aparecido en 1990, acompañado de textos explicativos de las siguientes obras:

CD1: Coro Ronda Altamira "Canciones Cántabras"

 
  1.- El Palo Pinto
  2.- Carmoniega
  3.- Agua en cestuca
  4.- Agua del río
  5.- El capotito
  6.- Con aire
  7.- Ronda en Salines
  8.- Amante mío del alma
  9.- Picadillo
10.- De ronda
11.- Ensalada campurriana
12.- La barca marinera
13.- Perla del cantábrico
EL PALO PINTO:

    Símbolo de la tonada de ronda a unísono, esta canción montañesa, resume, en el presente compendio experimental, los valores más puros de la tradición cantada de nuestra tierra. Parte integrante y fundamental en la indumentaria del Coro Ronda Altamira, este "palo pinto", es descrito así por José Calderón Escalante, conocido también por el sobrenombre de "El Duende de Campoo": "Vara de acebo o de avellano en la que, a punta de navaja, se hacen cuadros ajedrezados, romboidales, trenzas, anillos, espirales simétricas, tostándola posteriormente al fuego rápido de una árguma encendida, que da el calor suficiente para tornar, del color del humo, las pintas blancas hechas con la navaja, y no tan intenso que abrase la corteza restante, por ser la parte que, al levantarla con cuidado, ha de quedar en blanco, sirviendo de fondo a los dibujos".

CARMONIEGA:

    En ella se encierran aires alusivos al Valle de Cabuérniga y a la Collada, con inclusión de la tonada que bajo el título de "Carretera de Carmona", ha quedado en la memoria de la tradición, y que bien puede tratarse, como deja vislumbrar su letra, de una canción de carreteros. En esta composición se establece una especie de diálogo entre solo, dúo y coro, en busca de un sencillo efecto armónico que intenta respetar la esencia de la tonada, añadiéndola al sentido de la ronda.

AGUA EN CESTUCA:

    Otro de los compositores que ha dejado un legado interesante a incluir en el cancionero de nuestra tierra es Juan Guerrero Urreisti, quien desarrolló su labor en Reinosa, y al que pertenece esta composición. Timbre de la más pura ronda, sirve de introducción a esta obra, solemnizada en los acordes a tres voces que la cierran. Asimismo, el dúo de tenores se ve magnificado por el eco de barítonos y bajos. El solo final recoge la melodía inicial dando paso a los expresivos compases finales a coro, expresando el deseo del enamorado de hablar con su dama, tema recurrente en las composiciones populares.

AGUA DEL RIO:

    La introducción a solo, del principio, con la que se hace acompañar la composición de autor, permite una tenue aproximación al estudio que se puede realizar sobre la utilización que de la tonada popular han hecho gran número de compositores y arreglistas. Aparece la tonada en la segunda parte, en arreglo que nos dejara el maestro Alejandro del Río, a cuatro voces iguales, como muestra de lo que ha sido llamado en algunos momentos, de manera genérica, "Canción Montañesa".

EL CAPOTITO:

    Del maetro Lucio Lázaro. Es esta una canción que aunque presentada por el autor como canción báquica, es decir, canción de taberna, encierra melodías de aires marineros bien conocidos del pueblo en general. Se inicia con una introducción, a ritmo de "sorziko", que pone de manifiesto el origen de su autor. La prenda a la que hace alusión esta composición la conocen bien las gentes del mar y tiene en Jesús Cancio, poeta comillano, un valedor al dejarnos en su obra "La Reina del Mar", esta descripción prosística de dicha prenda singular: "Sobre sus anchas espaldas que ya los años inclinan, usa un capote encerrado que le llega a las rodillas, y que sujeta a su cuerpo con los restos de una driza".

CON AIRE:

    Encierra esta composición, también del maestro Lucio Lázaro, evocaciones al canto de carreteros que, antiguamente, recorrían los pueblos, y aldeas de nuestra región. Fuerza y reciedumbre, una vez más, compiten en ella con la profundidad de una sentida melodía, lo que convierte a esta obra en una de las más entrañables, expresivas y propias de nuestro canto popular. Su interpretación nos hace recordar aquellas palabras de nuestro costumbrista Manuel Llano, cabuérnigo nacido en Sopeña, quien en su primera obra "El Sol de los Muertos", dice, "Aquel cantar quejumbroso de los carros... al paso tardío de las vacas uncideras...".

AMANTE MÍO DEL ALMA:

    Próximo a la ronda tenemos en nuestra cultura popular cantada, el canto campesino de labores. En esta sección del Cancionero recoge el insigne Sixto Córdoba y Oña variante de esta tonada de labores, denominación que no deja de ser  discutible, al tratarse, eso sí, de una queja sentida entre enamorados. La dimensión de ronda la recoge la interpretación del coro en contestación a la tonada a solo. Tanto el solo como el coro son acompañados en su vuelta final por un contra-cante sobre la melodía, en estilo propio de la canción de interior.

DE RONDA:

    Compositores señalados de otras culturas que la cántabra, se han ocupado e interesado por nuestra canción, inspirándose en nuestros ritmos y melodías. Este es el caso de Lucio Lázaro, anteriormente citado, nacido en San Salvador del Valle, Vizcaya, que desarrolló su actividad musical en nuestra región, pasando por Castro Urdiales y afincándose en Torrelavega, ciudad en la que ejerció su influencia musical. A él debemos este ejemplo coral que comienza con solo de ronda acompañado por las bocas cerradas del coro, y al que éste contesta con tonada de ronda a unísono, para abrirse posteriormente en abanico de melodías populares, muy conocidas y aún hoy en día cantadas, en las que cabe señalar algunos de los valores rítmicos de nuestra canción.

RONDA EN SALINES:

    Se trata de una recopilación de la escritora Matilde de la Torre hiciera sobre conocidos temas populares de nuestro cancionero, temas de los que Nobel Sámano, compositor cántabro, nacido en Torrelavega y autor de los originales Villancicos Cántabros, decide en un primer momento hacer una adaptación para voces mixtas. A petición del Coro Ronda Altamira, la realizada para voces graves, y el propio Coro la presenta, por vez primera, en esta grabación como exponente señero de su trabajo en la actualidad.

ENSALADA CAMPURRIANA:

    Esta obra, adaptada de manera espontánea y natural por el propio grupo, se realizó partiendo de tonadas recogidas de la transmisión cantada, especialmente cuidada en Campoo, de donde toma sus principales referencias. Gran fuerza expresiva y variados ritmos acompañan las coplas a coro, interrumpidos por dos solos en tonada marcadamente popular. En la boca cerrada que acompaña al segundo solo, los armónicos tratan de sugerir el sonido del rabel, en alusión al decir musical de nuestros pastores de las brañas.

PICADILLO:

    Bajo este título recoge el Coro Ronda Altamira un estilo de canción perdido en el tiempo y que consistía en la disputa o pelea, cantando, claro está, entre dos o más cantantes que rivalizan en unas cualidades y arte de hacer o de decir. Surgían de este modo rimas y estribillos de lo más chocante y variopinto, dando lugar a interesantes variantes. Este estilo de canción de ha denominado tradicionalmente "Bombas". La boca cerrada que sirve de introducción, presenta una melodía misteriosa, severa y solemne, de sabor antiguo, como diría Sixto Córdoba y Oña. La tonada que cierra el "picadillo" es tonada que cantaban los mozos en plan de reto, tonada de la que se han presentado numerosas versiones.

LA BARCA MARINERA:

    Del compositor laredano Alfonso Ruíz Martínez, esta composición, con base en tonada popular muy sencilla, es de las más conocidas y aún viva hoy en día en Cantabria. Bello ejemplo de composición sobre célula melódica anónima, con fondo-mar en su ritmo ondulado y en la sugerencia de las bocas cerradas que acompañan a la melodía inicial y a los solos. Es la primera vez que esta composición original aparece grabada en disco y cassette, y es una muestra más del interés del Coro Ronda Altamira por la difusión y conocimiento de nuestros compositores corales autóctonos.

PERLA DEL CANTÁBRICO:

    Esta composición del maestro Emilio Otero Val, gallego ilustre afincado en nuestra ciudad de Santander, dice mucho de las bellezas que rodean nuestro entorno marinero, siendo un bello ejemplo del modo de decir de las gentes de nuestros puertos, de nuestra costa. Al grito marinero añejo de ¡A la mar!, antigua llamada de los marineros para salir a la mar, sigue el canto a las costas de Cantabria, transformando en símbolo de amor a la mujer. Esta composición inspirada en melodías marineras, de gran expresión rítmica y sonora, fue definida por el autor como una barcarola y viene a enriquecer el archivo de la aportación coral que a Cantabria han dejado compositores de otras culturas.

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