2007: VEINTICINCO AÑOS DE MARZAS EN SANTANDER CAPITAL
    Así comienza este año su Pregón marcero el Coro Ronda Altamira de Santander, celebrando este fausto acontecimiento con "prudencia", que "es estilo que tenemos de nuestros antepasados, y no queremos perderlo".
    En efecto, veinticinco años ya de ronda marcera consecuente, de repiqueteos transgresores de albarca, de tamborileo desacompasado de porras y palo pinto en el variopinto y desigual asfalto urbano, y canto unísono de marza en calles, plazas y patios comunales, una vez obtenido el oportuno permiso de la autoridad del lugar, con saludo al mes en que se anuncian las cosechas "nuevas", y sus coplas petitorias, y su guiño apelativo vernáculo a "damas y doncellas" según ritual, con los mejores deseos hasta el año venidero, fin de fiesta puntual, por qué no, en memoria de costumbres de estas benditas tierras de Cantabria.
    "Veintiocho de febrero... Noche de marzas... Por las viejas callejas pueblerinas desfilará el jolgorio de los mozos, entonando los cánticos que son, en sus labios, plegarias a la Virgen del lugar... besos a la madre... piropos a las mozas [...] Canto ingenuo en sus notas [...] Canto a la tierra, como ella noble y sencillo... Canto a la tierra, como ella acariciante y piadoso [...] Notas escapadas de sus pechos nobles (de los marzantes)... Notas de señorial empaque."
    Así rezaba aquel pregón-dedicatoria de nuestro ilustre Agapito Depás en sección del diario Alerta en Torrelavega, allá por febrero de 1959, en noticias locales del día veinticinco. ¡Qué atractiva coincidencia! Número veinticinco, día del mes en vieja crónica, y número veinticinco en la celebración de nuestro coetáneo aniversario 2007. Y aún más. El mismo número en los veinticinco días del mes, en ambos casos, que dependiendo del año los cambia siguiendo calendario astral.
    Pero no es con todo esta quimérica y festiva concurrencia de números, ni tan siquiera la ferviente y sincera descripción entrecomillada de nuestro autor lo que reclama nuestra atención en esta fortuita, y no por ello, oportuna relectura de aquel reportero pregón de Agapito Depás, firmado en Mijares aquel lejano febrero del 59. En él encontramos posiblemente el sentido, o cuando menos significado profundo, a esta actividad anualmente renovada que hunde sus raíces en el tiempo, en la alusión dedicatoria que él hace al indiano que no la vivió obligado a salir de niño de su pueblo natal; en la alusión dedicatoria de la senectud, en especial la de los asilos, que vive el recuerdo continuo de afanes de juventud; en la alusión dedicatoria a los chavales, "la ilusión más bella de esta nuestra tierra", y en la alusión dedicatoria final a los recién llegados de otros lugares a ella, considerados, cómo no, ya de los nuestros.
    ¿Cuándo, en qué solemnidad, puede uno celebrar con más razón tan singular, tan cierto y tan ritual marcero aniversario?

JML